Humedad
Una inteligencia perdida en un entorno. Algo curioso que está explorando un lugar. Su vista busca el cielo, quiere ubicarse con las estrellas, luego se distrae y sólo está ahí. Puede ver cosas que a lo mejor nosotros no podríamos percibir. Se entretiene observándolas. Juegos en el entorno, visión ultravioleta.
—Mónica Delori
Humedad parte de distintas visitas que la artista realizó a un humedal muy importante para Norteamérica, al que no se le da la relevancia necesaria. Un lugar que recibe la migración de aves y humanos, pero que en su uso pesa más la idea de progreso que la de cuidado. Un progreso que destruye, que acaba con el subsuelo y contamina sin considerar la biodiversidad del lugar. Las capas de tierra están desapareciendo, convirtiéndose poco a poco en un baldío en medio de la nada.
En un intento por dejar de aproximarse al humedal como un territorio que sirve para la crueldad y la extracción de recursos, la muestra intenta aproximarse a él desde una percepción que rompe la línea de observación-extracción-consumo, para especular una relación desde otros sentidos, relaciones e incorporaciones. No el sensorium ligado al capital, sino otros recorridos tanto propioceptivos como temporales.
El antropólogo británico Tim Ingold, en su crítica a las aproximaciones humanistas al paisaje sonoro, teoriza sobre el tiempo atmosférico, el cual que resuena con las piezas en esta exposición:
Cuando estamos —como suele decirse— ‘a la intemperie’, el tiempo atmosférico no es un mero espejismo o una ensoñación. Por el contrario, es fundamental para la percepción. No es aquello que percibimos sino aquello en lo que percibimos. No tocamos el viento, sino que tocamos en él; no vemos el sol, sino que vemos en él; no oímos la lluvia, sino que oímos en ella. Así, el viento, el sol y la lluvia, experimentados respectivamente como sensación, luz y sonido, posibilitan nuestras capacidades de tocar, ver y oír*.
Así como señala Ingold, Humedad se posiciona desde aquello en lo que percibimos para dejar de aproximarnos al territorio sólo desde lo que nos causa placer o displacer o podemos tomar de él. Cada pieza ensaya series de sensibilidades que posibilitan líneas de fuga hacia otros modos de relacionarnos con el entorno. Pero, como mencionó el curador y escritor Guillermo Canek García en la presentación de su libro Gran pie podrido. El lugar de la [herida] (Inga books, 2025) que versa sobre el Valle del Mezquital: “no se trata de un intento por reencantar la naturaleza, sino de desencantar lo moderno”, de renunciar a ese progreso basado en el individualismo oculocentrista y la seducción que arrasa con todo a favor de la producción de una imagen insostenible y un bienestar individual.
La exposición moviliza una erótica que lejos de seducir y consumir, pasa por un desencantarse juntos de lo que no hace sentido, en tono vitalista.
*Tim Ingold. Contra el paisaje sonoro. Cuatro críticas. Trad. Círculo contra el soundscape. México, Tumbalacasa ediciones, 2025.
—Sandra Sánchez






Esta instalación fue inspirada en la belleza y complejidad de un ecosistema vulnerable cercano al lugar donde nací. Fue producida con el apoyo de Línea A en la ciudad de Durango, México. Gracias especiales a Adriana Torres, Sandra Sánchez y Luis Leonardo Ortega por hacerla posible.